lunes, 9 de mayo de 2011

El Ladrón de Recuerdos (escrito en primera persona)

Una de las áreas menos valoradas y reconocidas del Marketing es el Marketing Social. Satisface una necesidad o inquietud moral que cualquier individuo o colectivo pueda albergar. No busca generar negocio sino adhesión a su causa. Despierta conciencias mediante la empatía, ya que profundiza sobre la problemática hasta el punto de vivirla en primera persona. Todos somos embajadores de esta herramienta al servicio de la humanidad que dista tanto del Marketing Business, el cual se haya ligado a los intereses privados de las grandes corporaciones.

Hace unos días, mi compañera de piso despertó en mí una inquietud que hasta ese momento me había pasado inadvertida. Afortunadamente hasta ahora, nunca he tenido antecedentes en mi familia y no he convivido con ella cara a cara, pero por desgracia existen miles de personas en España y millones en todo el mundo que la sufren en sus carnes todos los días. No hay consuelo para el que lo sufre ni para sus familias, pero siempre tendrán mi reconocimiento a través de esta publicación de blog en primera persona.

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Sin posibilidad de rebobinar la película de mi propia vida, desterrado a vivir en un presente que devora sin compasión mi pasado, incapaz de descifrar los recuerdos que empapelan las paredes de mi existencia y con un futuro que paradójicamente me recordará que el olvido es el guardián de mi memoria.... así transcurren mis días.

Vivimos para disfrutar, para experimentar, para compartir, para saborear, algunos viven para sufrir y otros para destruir pero siempre vivimos para recordar. No hay vida sin recuerdos ni mayor Ladrón que aquél que te arrebata tu vida mientras sigues respirando.

Ladrón de apellido extraño que quisiera olvidar desvalija día tras día mis pertenencias. Al principio juguetea con los recuerdos cambiándolos de lugar, se mofa de mi torpeza y va eliminando progresivamente a los actores de reparto y los escenarios secundarios en los que alguna vez se rodó mi vida.

Ansía robar, pero lo hace despacio, selecciona cuidadosamente las piezas de la torre para debilitarla pero sin llegar a derrumbarla, es un ladrón pero no un asesino.

Hoy sostiene sobre su guante blanco una pieza que lleva escrito la palabra “familia”, era uno de los pilares de la torre y ésta se tambalea ante su ausencia.

El cajón del olvido se hace cada vez más grande y la habitación se llena de personas extrañas. Parecen amables, quizás un poco preocupadas, me llaman siempre por mi nombre y a veces me tienen que ayudar a recordarlo. Dicen que alguna vez fuimos amigos, que fuimos al colegio juntos, que compartimos nuestro primer cigarro, que robábamos la moto a nuestros padres para impresionar a las chavalitas, que me casé con la chica más bonita de la cuadrilla, que compartíamos mesa y mantel cada domingo, que veíamos el fútbol juntos pero animábamos a equipos distintos, que estuve presente en el bautizo de sus hijos y ellos en los de los míos, que recorrimos medio mundo con nuestras familias, que era un gran esposo y mejor padre, que siempre era muy detallista y me acordaba de todas las anécdotas que nos ocurrían……


Sé que no hablan de mí, porque no les conozco, pero me encanta oir sus historias. La verdad es que no sé muy bien quién soy y que hice cuando era joven, si es que alguna vez lo fui. Me enseñan fotografías de un joven que se llama igual que yo, parece contento y está bien acompañado aunque yo no me quejo porque no me siento sólo, en todo caso envidio todo lo que él fue capaz de hacer.

Estoy “hueco” por dentro, no sé reir y nada me hace llorar, muchas veces se me olvida que tengo hambre y confundo el día con la noche. No soy mayor aunque me veo viejo, pero sigo viviendo, estoy vivo, respiro y me gusta estar con mi familia de acogida. Ojalá pudiera agradecerles con una sonrisa todo lo que hacen por mí, quiero hacerlo pero no puedo, trato de recordar pero me resulta imposible. Sólo puedo mirarles, tocarles, esforzarme para acordarme de sus nombres y devolverles toda la atención que ellos me dispensan.

Si me acuerdo, mañana les diré que les quiero, que disfruto paseando en su compañía, que no me canso de oírles hablar sobre nuestra vida en común, que mi pasado está a buen recaudo en sus manos, que mi presente es efímero y mi futuro será una vuelta al origen. Moriré sin recuerdos, tal y como nací. Ningún Ladrón podrá arrebatarme todo lo vivido. Alzheimer robó mis recuerdos pero no acabó con mi memoria. Hasta mañana….

José María Donate
Marketing Consultant

1 comentario:

  1. Definitivamente, yo de mayor quiero ser como tú. Que sepas que me has quitado las ganas de seguir escribiendo después de leer este relato. Eres bueno chaval...muy bueno.

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