“No rompas el silencio si no es para mejorarlo”. Proverbio chino.
“Nunca abras la boca a menos que sepas que lo que vas a decir es más hermoso que un silencio”. Autor desconocido.
La discreción, que es virtud por ser ejemplar en todos sus aspectos, no es el modelo a seguir en nuestra sociedad.
El ruido es el protagonista de nuestra vida cotidiana. Es un elemento contaminante que distorsiona el mensaje para convertirlo en algo estéril y vacío de contenido.
El mejor aliado del ruido es el discurso fácil, la retórica mal entendida. Un discurso “de corte y confección” creado sobre patrones y “clichés” hilado finamente con eufemismos políticamente correctos.
Las cosas ya no se llaman por su nombre porque el ruido controla el mensaje. El retroceso es desaceleración, las políticas restrictivas son medidas de choque productivas, el crecimiento CERO es motivo de celebración en las calles junto con la interrupción voluntaria del embarazo anteriormente conocido como aborto.
¿De quién es la culpa?, posiblemente podamos achacarlo al mal comportamiento que están teniendo los precios este trimestre. ¡Démosles una reprimenda!. Cojamos a las patatas, al calzado y al alcohol y dejémosles claro que o modifican su comportamiento o nos veremos obligados a crear una comisión de servicios que vele por el correcto ajuste de los precios.
Así es como actúa el ruido, sin ninguna contundencia, con descrédito y lleno de ambigüedades. El mensaje ha de transmitirse en frecuencia alta, es decir a grito pelado. Cuanto más se grite más puntos obtenemos y más seguidores captaremos para nuestra causa. Algunos, llamémosles gurús o visionarios, no solo gritan sino que lo hacen desde lo más alto. Jesucristo predicaba en la montaña y los nuestros suben a sus escaños o acuden platós de televisión. Jesucristo murió crucificado por la causa que defendía y los nuestros crucifican a sus adversarios en nombre de su causa, generando daños colaterales sobre la población civil que requerirán de medidas estructurales altamente flexibles y que serán objeto de estudio en un próximo comité de sabios convocado ad-hoc.
Hoy el ruido es incesante. Conecto mis auriculares para escuchar el silencio. Mi autismo inducido me permite ganarle la distancia y el tiempo necesario al ruido. Yo lo llamo tiempo para pensar.
El ruido trataba de mantener una conversación conmigo e insistía en contarme que hoy era un día muy importante. Yo, educadamente le hice una observación y le advertí que no me volviera a molestar con brotes verdes de tallo microscópico. No!!, me contestó el ruido, hoy es un gran día porque “Él” ha sido asesinado por las fuerzas del bien.
Quizás habría esperanza y el ruido se estaría tornando en mensaje, así que decidí seguir con la conversación ya que la noticia no podría ser mejor. ¡Por fín!, le dije, ¡ya era hora!. Muchas familias podrán mitigar en parte su gran dolor porque ha sido aniquilado el causante de tantas muertes. Sin duda, hallarán consuelo en esta noticia.
Estuve hablando con el ruido menos tiempo del que cabría suponer ya que hubo algo que despertó mis alertas. Fue cuando él me dijo que su cuerpo había sido arrojado al mar.
El ser humano siempre busca el reconocimiento a sus acciones, por lo tanto no es lógico que decida arrojar al mar esa pieza tan codiciada que tantos años ha estado persiguiendo. Por favor, que alguien me diga quién ha escrito este mal guión y que me explique por qué todos hemos sacado entrada para ver una película en la que está ausente el protagonista porque se haya realizando un bautismo submarino perpetuo en el fondo del mar.
Debe ser un acto de fe ciega al que no estoy dispuesto a unirme. Es un tema lo suficientemente serio y responsable como para que sea gestionado por el ruido. Verter más dolor sobre los que han sufrido sus consecuencias es inadmisible y deplorable. Si ha ocurrido, y no tengo por qué dudar de que ello sea así, se deben aportar todas las pruebas necesarias para que la duda no haga su gran nido como está ocurriendo ahora. Una estrategia militar tan milimétricamente diseñada nunca dejaría el final en manos de un reportero británico de prensa sensacionalista.
Si todo se ha acabado, colguemos las letras FIN sobre este penoso capítulo de nuestra historia y continuemos discretamente con nuestras vidas ya que es el final más prudente que se puede dar una historia que debió ser filmada sin tanto ruido de fondo.
José María Donate
Marketing Consultant

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ResponderEliminarGreat!!!!