La mayoría de las empresas que conocemos están estructuradas en departamentos o divisiones. Estos departamentos están dirigidos por un Manager, que es la persona que se encarga no sólo de gestionar correctamente el departamento sino de que sea productivo.
El éxito del Manager va indefectiblemente ligado al resultado que obtenga su departamento, estableciéndose una correlación directamente proporcional entre ambos éxitos. Paradójicamente y como ocurre en muchas facetas de la vida, el efecto negativo siempre se magnifica más que el positivo, es decir, cuando un manager obtiene un resultado positivo en su división el beneficio marginal que le reporta es mucho menor que si el impacto fuera negativo, ya que una mala gestión departamental puede ocasionar consecuencias nefastas para el manager. Algunos teóricos establecen una relación de 1 a 10, es decir que 10 impactos positivos equivaldrían a uno negativo.
Como gestores de departamento, sabemos que recaen sobre nuestras espaldas una gran responsabilidad y una enorme presión. Estamos condicionados por nuestro entorno (la situación económica actual, la escasez de inversiones, consumismo de supervivencia, pesimismo generalizado…), por nuestro mercado (agresividad de los competidores, estrechamiento de los mercados, deslocalizaciones productivas, uniones estratégicas….) y por nuestra propia organización (falta de recursos, dificultades financieras, morosidad de la cartera de clientes, decrecimiento de las cifras de venta, reestructuración organizativa….)
Pero ¿cómo se pueden gestionar equipos productivamente?, ¿cómo sacamos lo mejor de cada colaborador, para obtener no sólo un beneficio colectivo sino también individual en un entorno tan desfavorable? Si apostamos por el autoritarismo y por una política de mano de hierro evidentemente NO seremos capaces de gestionar productivamente.
¿Por qué nos empeñamos en hacer leña del árbol caído en lugar de cuidar nuestros bosques para garantizarnos el sustento necesario?
Tendemos a adoptar medidas estándar para problemas complejos, no le dedicamos tiempo a analizar el problema, simplemente aplicamos la receta para ese síntoma, da igual si la enfermedad muta o se ha vuelta inmune, seguimos con nuestro tratamiento hasta que ya es demasiado tarde. Muchas empresas aplican soluciones drásticas e irreversibles a problemas estratégicos que requieren un análisis y un diagnóstico más profundo. “....como no tenemos tiempo tomamos malas decisiones”.
¿Realmente nos falta tiempo?
De nuevo volvemos a engañarnos, erramos en nuestro diagnóstico y cargamos sobre nuestras espaldas más responsabilidades.
¿Qué es lo que necesitamos?
Necesitamos saber qué somos –Gestores/Managers-
Saber cuál es nuestro cometido –Dirigir y gestionar un departamento eficientemente-
Saber cómo alcanzarlo –Enfocándonos en la creación de un equipo de trabajo con autonomía y criterio contrastado a la hora de llevar a cabo la táctica del departamento (el corto plazo o presente inmediato), dejando para el Manager la gestión del medio y largo plazo-
Nuestro trabajo se mueve en el ámbito de la anticipación, de la previsión, de la planificación, de lo estratégico. Nuestro lugar no son las trincheras, ya que la visión desde este nivel es siempre reducida, sino la colina ya que desde allí tenemos perspectiva, de tal forma que podamos observar como se desarrolla la batalla, si nuestras piezas están perfectamente colocadas y si hay oportunidad para avanzar nuestras posiciones.
¿Cómo se crea ese equipo de trabajo?
Se requiere paciencia y confianza en el trabajo que se está realizando unido a una visión no corto-placista sino enfocada al medio y largo plazo. Los buenos equipos de trabajo no se forjan de la noche a la mañana, ni surgen por generación espontánea, sino que requieren de trabajo y dedicación por parte del Manager. Es el Manager el que debe imprimir ese carácter o filosofía a su grupo de trabajo, por lo tanto no puede dejar en manos de terceros la atención que se debe dispensar a su equipo (“Que vuestros despachos nunca os aíslen de la realidad”).
¿Cómo es posible que dejemos en manos de otros nuestro futuro dentro de la empresa? ¿No crees que es más productivo invertir tiempo en nuestros equipos?
Si no tenemos tiempo y necesitamos delegar, deleguemos otras tareas pero nunca dejemos en manos de otros la formación y el apoyo directo a nuestros equipos. Nuestros colaboradores requieren nuestra presencia, deben sentirse respaldados en su cometido, reforzándolos cuando realizan un buen trabajo y reprendiéndoles cuando su cometido o actitud no está a la altura del nivel demostrado por el resto de sus compañeros.
Debemos ser justos y predicar con el ejemplo, si inculcamos valores como el esfuerzo, la solidaridad, la dedicación, el respeto, el compromiso, el equipo…como mandos que somos debemos encarnar todos esos valores y aplicarlos con naturalidad en nuestro día a día.
Por desgracia, los entornos de trabajo son lugares muy hostiles, son escenarios de guerra en los que se puede apreciar claramente el fuego cruzado no sólo entre departamentos sino dentro del propio departamento. Estos entornos no fomentan la productividad sino los individualismos y alimentan los Egos incontrolados. Gran parte de esta culpa es nuestra, porque transmitimos tensiones a nuestros equipos, les presionamos sistemáticamente, alentamos a los individualistas, protegemos a los “estrellas” que tanto trabajo extra ocasionan a la organización e ignoramos a los perfiles medios, profesionales capacitados y con alto grado de autonomía que realizan su trabajo de forma ejemplar y que no reciben atenciones por parte de su mando superior, porque son silenciosos y están implicados con su trabajo. Gracias a éstos el trabajo sale adelante a pesar del desgobierno que reina, pero serán los primeros en marcharse si el Manager no es capaz de enderezar el rumbo.
Suele ocurrir que el barco cada día se escora más porque en los departamentos suelen haber más timoneles que remeros. Hemos dedicado tanto tiempo y esfuerzo a proteger a nuestros incompetentes timoneles cuando el viento soplaba a favor, que ahora, cuando ya no hay viento, nos encontramos con que el barco no avanza por falta de remeros, aquellos que tuvimos pero que despreciamos porque una vez fuimos incapaces de aplicar correctamente Nuestro Principio de Autoridad.
José María Donate García
Marketing Consultant
