Es curioso lo que la crisis puede llegar a hacer. Ahora resulta que a la mayoría de las empresas de nuestro país les ha entrado un arrebato de responsabilidad ecológica y se han puesto de acuerdo para cobrar las bolsas de plástico a los derrochadores clientes.
No critico la idea en sí, ya que considero que la medida es acertada si ello contribuye a mejorar el medio ambiente y dejamos de considerar a nuestro planeta como a una explotación mercantil con fecha de caducidad.
Lo criticable es el origen de esta conciencia verde. Los motivos que han impulsado estas medidas son meramente económicos y me temo que poco o nada mejorarán el estado futuro de nuestro deteriorado planeta.
Al tratarse de una medida impopular que afectaba a nuestros empobrecidos bolsillos, su implantación requería de un abogado de oficio que defendiera esta causa injusta. Por este motivo, se contrataron los servicios del Marketing, ya que se requería una estrategia Maybelline que maquillara los intereses económicos hasta hacerlos casi imperceptibles.
Ahora que han pasado unos meses nadie duda de lo acertada que fue la estrategia escogida, de hecho el efecto contagio ha sido más grande de lo esperado, hasta convertir en normal el hecho de cobrar una ecotasa de 2 a 6 céntimos de euro por cada derroche medioambiental.
El Marketing ha sido muy eficaz pero poco ético. Hubiera sido deseable que ese ahorro en costes, sumado a los ingresos extras por la venta de bolsas, que en algunos casos ni siquiera son ecológicas o biodegradables, hubiera repercutido en la mejora de la salud de nuestro castigado planeta. Ni siquiera se ha destinado un mísero 0,7% a proyectos medioambientales y lo que es peor, se ha destinado más dinero a crear una imagen falsa de empresas ecológicas a través de costosas campañas publicitarias.
El verde es el color que ha inspirado esta trama, pero no simboliza el respeto a la naturaleza sino la obsesión por el dinero y por la última línea de la cuenta de explotación, aquella que corona a los buenos gestores, pero que envía al infierno a los que no supieron frenar esa hemorragia derrochadora.
Hemos sido víctimas de un atraco en el que no nos ha quedado más remedio que pagar por las bolsas para asegurarnos una vida futura.
José María Donate
Marketing Consultant

No puedo estar más de acuerdo contigo, Jose. Lo curioso es que en un principio empezaron las grandes cadenas de supermercados con esta medida pero poco a poco se han contagiado, apuntándose al éxito conseguido, el resto de establecimientos. Hasta la juguetería ubicada en los bajos de mi edificio ha puesto un cartel en el escaparate que reza que apartir del mes que viene las bolsas se cobran.
ResponderEliminarVaya pedazo negocio!!!